septiembre 08, 2015

Verano 2015

Después de recuperarme del jet-lag y volver a la rutina de llevar y traer a Mikel de los entrenamientos de natación y ahora de la Preparatoria me he dispuesto a volver a escribir.

Empezamos estas vacaciones de verano Dallas Texas rentando un auto para ir a dejar a Mikel en Pine Cove, un campamento cristiano para adolescentes,  y después mi marido y yo le seguimos a Houston para visitar a varios amigos que teníamos muchos años sin ver, lo cual disfrutamos mucho.

En Pine Cove
Tyler, Tx.
Mikel disfrutó muchísimo su estancia de ocho días en el campamento, ahí disfrutó de la convivencia con chicos americanos, de hacer varias actividades deportivas extremas y de aprender más de Héroes de la Biblia, para él como para nosotros esa semana valió la pena, fue una experiencia inolvidable para él.

Luego nos pasamos a Monterrey, donde al igual que cada año nos dio un súper gusto volver a estar en casa, comer delicioso y reunirnos con grupos de amigos que vemos cada año y platicamos hasta altas horas de la noche para ponernos al día pero dejando muchos temas pendientes y deseando volver a reunirnos en otro momento.




Nos dio mucho gusto volver a sentir nuestra ciudad tan segura que cuando la dejamos en el 2006 y que las historias de terror del 2011 y 2012 quedaron atrás, este año por el contrario hubo mucho júbilo porque ganó Bronco, primer candidato independiente al Gobierno del Estado de Nuevo León y porque se inauguró el Estadio de los Rayados y aún los que no sabemos mucho de fútbol pero que nos gusta celebrar con el que esté ganando pues también disfrutamos de la transmisión de la ceremonia apertura y de los juegos pirotécnicos.



Sin embargo, este año fue algo difícil en cuanto a las emociones, mi suegra enfermó y tratamos de estar con ella el mayor tiempo posible para animarla, reír y cantar juntos.

Y como siempre después de estar con la familia tan querida es difícil despedirnos, siempre lloro cuando abrazo a mis padres en el aeropuerto y les voy diciendo adiós con mi mano mientas bajo las escaleras eléctricas que me conducen a los gates,  y vuelvo a escuchar la voz de mi hijo ahora más alto que yo pero que me dice las mismas palabras cada vez, !ya no llores mami, los vas a volver a ver!

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